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El juego es el primer y quizá más poderoso sistema de aprendizaje que tienen los humanos. Esta actividad ofrece una experiencia gratificante a los niños, permitiéndoles explorar y descubrir, mientras que al mismo tiempo desarrollan su imaginación y habilidades de pensamiento.

Además, gracias al juego, los niños van interiorizando desde su más tierna infancia algunas habilidades básicas (lingüísticas, motrices, sociales, emocionales…) para su formación personal.

Potenciando el desarrollo cognitivo

El juego también alienta a los niños a aprender, imaginar y resolver problemas, mientras estimula el desarrollo del cerebro. Así es como aprenden de forma divertida lecciones esenciales como causa y efecto, resolución de problemas, prueba y error, pensamiento simbólico y más.

Niños jugando con Zowi, el Robot educativo BQ

Por eso, la robótica está muy ligada con todo el desarrollo de las habilidades de los niños. No en vano, la robótica es, esencialmente, crear un dispositivo mecánico que puede programarse para seguir un conjunto de instrucciones. En este proceso están implicados los mismos mecanismos de los que hablamos en el juego tradicional: resolución de problemas, creatividad, imaginación… Simplemente hemos cambiado los cubos de construcción por un elemento con el que la interacción ya no es únicamente unilateral.

El robot tiene una unidad de procesamiento, sensores para percibir su entorno y motores y actuadores para mover sus extremidades o ruedas. Puede hablar, hacer otros sonidos o iluminar con luces y colores en respuesta al entorno, según las instrucciones.

Los robots necesitan la capacidad de seguir instrucciones programadas y no solo ser controlados remotamente.

Más allá de habilidades STEM

Es cierto que en los últimos años se ha puesto en valor la enseñanza de la robótica para niños, sobre todo entre aquellos padres que quieren que sus hijos aprendan tecnología a temprana edad.

Pero, más allá de las capacidades STEM que estas máquinas pueden potenciar, introducir la robótica en las escuelas también está potenciando el aprendizaje de los niños, quienes son capaces de mejorar sus habilidades de resolución de problemas, su pensamiento estratégico —al animar a un niño a pensar en estrategias en cada proyecto de robótica, poco a poco desarrollan una inteligencia analítica y crítica— y a estar más atentos y concentrados. Algo que muchos padres echan en falta.

Niños jugando con Zowi, el Robot educativo BQ

La experimentación con robots también permite desarrollar habilidades de pensamiento creativo, ya que pueden aplicar las numerosas ideas que les vienen a la cabeza en el diseño y la conceptualización de su máquina. Algo que se hace en trabajo en equipo y comunicación, lo que fomenta la participación y cooperación con otros niños de la clase.

Algo más que un juguete

Por eso, los robots pensados para niños son mucho más que un juguete. De hecho, la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, que aglutina a los fabricantes de juguetes y vela por esta industria, aseguró en 2016 que el mejor producto conectado de ese año era BQ Zowi, un producto que combina el ser un robot con un juguete, por lo que está indicado y pensado para los más pequeños de la casa.

Puede caminar, bailar, evitar obstáculos, emitir sonidos y hacer gestos con la boca nada más desembalarlo. Sin embargo, el reto es que los niños aprendan a enseñarle cosas a Zowi, de manera que vaya aumentando sus prestaciones a la vez que ellos mejoran sus habilidades jugando.

Es más, BQ ha diseñado a Zowi para que sea un robot que evolucione al ritmo de cada niño. El reto es que puedan desmontarlo y volver a montarlo tantas veces como quieran. Cuando lo hacen, pueden acceder a sus circuitos o crear proyectos de programación.

Niños jugando con Zowi, el Robot educativo BQ

Además de las piezas de hardware, este robot viene acompañado de una aplicación con la que los niños podrán jugar a los minijuegos que incluye. También podrán hacer pequeñas programaciones con esta app para ir desbloqueando nuevas funciones en Zowi, lo que les anima a seguir construyendo nuevas opciones y desarrollando sus habilidades.

Es decir, que este robot cumple una doble función. Por un lado, la de permitir que los niños sigan desarrollando a través del juego habilidades básicas para su formación. Pero, además, les permite explorar nuevas posibilidades, llevando un paso más allá las funciones típicas de cualquier producto lúdico.

Los estudios lo avalan

El uso y las interacciones de los niños con los robots está siendo ampliamente estudiado y analizado, desde diferentes perspectivas. Así, por ejemplo, se empieza a tener constancia de que las mascotas robóticas producen en niños respuestas químicas positivas similares a cachorros reales, aunque en menor medida.

Basta dar un robot a un niño para ver sus reacciones: hablan con ellos. Se ríen. Les dan abrazos, dibujos y aviones de papel. Es decir, los niños suelen tratar a los robots como seres sociales, aunque no igual que a las personas, mascotas, plantas o incluso dispositivos tecnológicos.

Actualmente hay numerosos proyectos en la prestigiosa universidad MIT enfocados en diferentes aspectos: robots que ayudan a niños en hospitales, robots que ayudan a los niños a aprender programación, robots que promueven la curiosidad y una mentalidad de crecimiento, robots que ayudan a los niños a aprender habilidades lingüísticas…

Si quieres un niño feliz, dale un robot

Además, los robots pueden ayudar a los niños a ser más inteligentes y felices. Javier Movellan, quien pasó la mayor parte de las últimas tres décadas jugando con niños y robots, está seguro de eso.

Movellan, un profesor asociado afiliado al Laboratorio de Percepción Automática de la Universidad de California en San Diego, es un psicólogo y un investigador de robótica. Estudia las interacciones de los niños con los robots por dos motivos: comprender mejor el desarrollo infantil y construir mejores robots.

Según concluye en sus investigacionesla emoción y la interactividad son más importantes para los niños que la apariencia humanoide o la inteligencia abstracta.

Jugar es su herramienta básica de aprendizaje y hacerlo con robots ayuda a completar su formación de una manera divertida y estimulante, fomentando su curiosidad innata… ¡e infinita!