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Agricultura y tecnología cada vez van más de la mano. ¿Cómo es posible si no que puedas encontrar setas frescas (y locales) en el mercado si estamos viviendo una de las peores sequías en España?

Precisamente porque uno de los terrenos en los que más se está avanzando es en el control del agua. En todo el mundo, la mayor parte de su uso está ligado a la agricultura: representa aproximadamente el 66% del agua desviada de fuentes naturales para uso humano y el 85% de su consumo.

Un problema acuciante

Además, a medida que los países en desarrollo introducen mejoras en su dieta, se producen un aumento de la demanda de alimentos que consumen mucha agua, como la carne y los lácteos. Es decir, que el problema irá a más.

Proyecto Gaia BQ

Se espera que la demanda agrícola de agua crezca en un 45%, o un volumen anual adicional de 1.400 billones de metros cúbicos de agua por año, para el año 2030.

La demanda de agua para fines no agrícolas también crecerá. Se prevé que la demanda mundial de agua aumente en un 55% entre 2000 y 2050, y la mayor parte de este aumento provendrá de la fabricación, la producción de electricidad y el uso urbano y doméstico.

Por lo tanto, en un mundo más seco, es necesario controlar la cantidad de agua utilizada por el riego. Las nuevas tecnologías podrían ayudarnos a alcanzar ese objetivo.

Cómo controlar el agua

En los últimos 50 años se han desarrollado varias tecnologías para disminuir las pérdidas de riego en el campo.

La nivelación de tierras de precisión utiliza equipos guiados por láser para nivelar el campo de manera que el agua fluya uniformemente hacia el suelo, no descienda por pequeñas colinas ni se acumule en pequeños barrancos. Hace más fácil limitar la cantidad de agua que se filtra debajo de donde pueden llegar las raíces de la cosecha.

Proyecto Gaia BQ

Las tecnologías de seguimiento e información también están surgiendo y son prometedoras para reducir las pérdidas de agua tanto a nivel de sistema como de granja.

Por ejemplo, ahora es posible utilizar un sistema de control de supervisión y adquisición de datos (SCADA) para proporcionar un control preciso e integrado de todo un sistema de riego en tiempo real.

Más control, más beneficio

Como estamos viendo, la aplicación de la tecnología en el campo puede acarrear importantes beneficios, tanto para la agricultura en sí como para toda la población.

Por eso, hace un tiempo BQ puso en marcha lo que se conoce como Proyecto Gaia, una iniciativa que quiere llevar y adaptar el Internet de las Cosas a cada agricultor y cada cosecha.

Proyecto Gaia BQ

Como resume, Jorge Luis Loza, responsable del Proyecto Gaia en BQ, los tres grandes beneficios serían la eficiencia en el uso de recursos, principalmente de agua y fitosanitarios, los efectos positivos sobre la salud (“al disponer de cultivos locales cercanos, consumiremos productos agrícolas más frescos”) y la recuperación de zonas agrícolas y pueblos abandonados a causa de la la rudeza del trabajo agrícola. “Gracias a la tecnología los trabajos serán más llevaderos. Además, se incluirá también la figura del tecnólogo local, por lo que los perfiles de los nuevos pobladores no serían ya sólo agricultores”, señala este experto.

Pero, para ello, es necesario que la tecnología y los tecnólogos se adapten a la forma de trabajar de cada cultivo. “Cada agricultor tiene su propia forma de cultivar. Normalmente este conocimiento proviene de sus padres o abuelos, quienes lo adquirieron tras la experiencia de años de duro trabajo y observación”, explica Jorge Luis Loza, quien añade que el software libre y la proliferación de tecnólogos locales y cercanos a los agricultores “ayudará a personalizar las herramientas tecnológicas a cada caso para facilitar el trabajo de los agricultores y la productividad de los cultivos”.

Qué es el proyecto Gaia

Una muestra de la aplicación de la tecnología para el control del agua es lo que se conoce como Proyecto Gaia en el que trabaja BQ, que intenta dar respuesta a algunos de los retos a los que se enfrenta el sector.

Para ello, BQ ofrece a los agricultores soluciones tecnológicas con las que pueden conocer los factores que pueden tener un impacto en su cosecha, como la lluvia, el viento, una bajada repentina de temperatura o un fallo en la maquinaria.

Mediante el uso de software de código abierto y un pequeño dispositivo, los agricultores pueden ahora controlar los sistemas de riego rotatorio con pivots. Este sistema es muy efectivo, por lo que su uso está muy extendido en el campo. Sin embargo, entre sus inconvenientes está el que, al trabajar durante la noche, si uno de ellos falla, el agricultor no podrá enterarse hasta el día siguiente.

La propuesta del Proyecto Gaia es instalar sensores de presión, movimiento y temperatura en estos sistemas de regadío. Estos sensores se encargan de medir su actividad.

Esta información es procesada y guardada en la nube y puestos a disposición de los agricultores a través de una aplicación móvil, que les permite hacer seguimiento en tiempo real y reaccionar a tiempo ante las averías.

En estos momentos, se está desarrollando junto con un grupo de usuarios que ofrecen sus comentarios y experiencias con el fin de perfeccionar el producto. En total, el Proyecto Gaia se está aplicando en más de 800 hectáreas de riego y en más de 30 naves climatizadas para el cultivo de hongos.

“El objetivo es obtener modelos de datos para que el cultivo sea de la mejor calidad posible usando los mínimos recursos”, asegura Loza.

Conseguir setas sin lluvia

Uno de los primeros resultados se está logrando en el cultivo de setas. Algo de especial importancia en años como éste, en el que la sequía que padece la Península Ibérica ha puesto aún más difícil su recolección.

Proyecto Gaia BQ

Sin embargo, con la aplicación de las nuevas tecnologías, “hemos cambiado por completo la manera de actuar de los equipos de clima, gracias a lo que estamos obteniendo un gran ahorro energético y cultivos de alta calidad”, relata el responsable de BQ. “Al tratarse de seres vivos, es difícil saber qué hubiese pasado si no hubiéramos implantado este sistema, pero podemos asegurar que en épocas de altas temperaturas nuestras setas han crecido, algo que no ha sucedido en naves que no habían implantado este sistema”.

En este sentido, es importante destacar que las condiciones metereológicas “pueden arruinar un cultivo, por muy tecnologizado que este esté. Sin embargo, hoy en día podemos incluir previsiones metereológicas en nuestros modelos de cultivo que nos ayudan a minimizar el daño y nos ayudan a tomar decisiones. Por ejemplo, el riego y el aporte de algunos aminoácidos ayudan a proteger ciertos cultivos de las heladas”, declara Jorge Luis Loza.

Por qué ahora

La tecnología para el campo existe desde hace tiempo: sensores y actuadores de todo tipo se han ido incorporando en algunos terrenos. Pero, como veíamos antes, la adaptación es el principal problema. Sin embargo, “el agricultor está empezando a ver en la tecnología un buen aliado y la tecnología va avanzando en ese sentido”. A ello ayuda, entre otras cosas, el hecho de que cada vez hay “más soluciones enfocadas específicamente al campo y más agricultores dispuestos a probarlas”.

Proyecto Gaia BQ

Pero también que la tecnología haya abaratado su precio, de manera que no suponga un lastre para el margen del agricultor. En este punto, Jorge Luis Loza señala que el precio de las herramientas que BQ ofrece es similar al de un teléfono inteligente, “por lo que no supone un coste importante para el cultivo”. Además, sus beneficios compensan con creces este posible coste. Por ejemplo, en caso de que se produzca una avería en un pívot durante la campaña de riego, el sistema de monitorización de BQ lo detecta a tiempo. Esto se traduce en un ahorro directo, lo que “hace que se amortice la inversión en esta herramienta”.

Otros proyectos en el mundo

De hecho, son varios los proyectos que hay en marcha con el objetivo de mejorar la agricultura y, sobre todo, hacer un uso más eficiente del consumo de agua.

Uno de ellos es Agricool, una startup francesa que ha inventado un sistema que permite cultivar frutas y verduras en contenedores y sin pesticidas. Este sistema empezó ofreciendo el cultivo de fresas en cualquier ciudad y, según sus promotores, “a un precio que todos pueden pagar”.

Al utilizar estos contenedores para el cultivo, Agricool controla y ajusta parámetros como la temperatura, la humedad, el nivel de CO2 así como las horas de luz.

Este sistema es similar al que emplea CropBox. En este caso, se aprovecha el contenedor para plantar en varios niveles, lo que hace que aumente considerablemente la producción por metro cuadrado. Además, según sus datos, este sistema permite un 90% menos de uso de agua que el cultivo convencional y de invernadero y el empleo de un 80% menos de fertilizante que en el cultivo convencional.

Así pues, y al igual que la tecnología puede servir para que cualquier empresa pueda ser más eficiente y hacer más con menos, su aplicación a la agricultura también permite hacer un uso más racional de los recursos naturales, siempre escasos.

Con ello, no solo se mejora la agricultura del siglo XXI, sino que se logra ser más respetuosa con el medio ambiente y un reparto más equitativo de los bienes.

Fotos | Pixabay, JevticJulief514WeerapatkiatdumrongPicturePartners