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Desde que en la década de 1970 se desarrollaran los primeros microprocesadores y ordenadores personales, la introducción de la tecnología en todas las esferas de la vida ha sido constante y evolutiva. La educación no se ha quedado al margen.

Aunque los primeros esfuerzos se centraron en dotar a las aulas y los colegios con un equipamiento adecuado, la experiencia nos muestra que no basta con tener ordenadores y conexión a Internet. La tecnología no deja de ser una herramienta más. Es decir, sustituir un libro de texto por una tablet no servirá de nada si no va acompañado de una adaptación del proyecto curricular y se aprovechan las posibilidades de la tecnología para hacer posible otra forma de enseñar.

Como señala Alberto Valero, director de BQ Educación, la división educativa de BQ, “el uso de tablets o pizarras digitales está muy extendido y es verdad que aporta beneficios, pero no explota todas las posibilidades que ofrece la tecnología. El objetivo es pasar de ser usuarios de tecnología a ser creadores con tecnología porque así es como se desarrollarán las habilidades necesarias para afrontar los retos del futuro”.

La tecnología como potenciador de habilidades

Una de las principales ventajas de la tecnología radica en las diversas aplicaciones educativas que ayudan a los estudiantes a aprender mejor, hacer cálculos o mejorar su ortografía, entre otros. No sólo mejoran las experiencias de aprendizaje de los estudiantes, haciéndolos en muchos casos dueños y creadores de ese propio aprendizaje, sino que también son divertidas de usar, lo que hace que sean mejor consideradas y más aceptadas por los estudiantes.

Educación BQ

Se ha demostrado que el uso de las herramientas tecnológicas en el aula, tales como placas controladoras, impresoras 3D o robótica, amplía las habilidades de pensamiento crítico y creativo de los estudiantes, aumenta la motivación y la autoestima y desarrolla las habilidades necesarias para el mundo moderno. A medida que las escuelas incorporan cada vez más tecnología a sus planes de estudios, es hora de que la enseñanza evolucione para servir mejor las necesidades del alumno del siglo XXI.

¿Podría la tecnología reemplazar a los maestros algún día? La mayoría de los educadores respondería “definitivamente no”.

El papel del maestro

Hace veinte años, el profesor se limitaba básicamente a proporcionar notas de clase, mostrar un vídeo y usar una variedad limitada de otros recursos para tratar de hacer que el aprendizaje fuese divertido e interesante. Con esto, se esperaba que alcanzaran una variedad de estilos de aprendizaje simultáneamente sin las herramientas apropiadas para ayudarles a lograr esta tarea.

En cambio, ahora los profesores tienen una multitud de equipos como impresoras 3D, robots, recursos de Internet, aplicaciones, dispositivos de realidad virtual y otras herramientas que les permiten llegar a todos los estudiantes, independientemente del estilo de aprendizaje. También les permite crear lecciones divertidas y atractivas que ayudan a los estudiantes a entusiasmarse con el proceso. Incluso en algunas escuelas a los estudiantes se les permite usar su propio dispositivo y colaborar con otros estudiantes en todo el mundo en lugar de limitarse al aula.

Los maestros han encontrado formas creativas —y con frecuencia ajustadas al presupuesto— de usar los medios sociales y otras tecnologías en sus aulas, con resultados positivos.

Desde BQ creen que “los docentes son el mayor recurso que tenemos y quienes han de liderar el progreso tecnológico en las aulas. Por eso, son fundamentales las aportaciones de los educadores que cuestionan, analizan y piensan sobre cómo la tecnología puede beneficiar a la educación” y ponen como ejemplos a Montserrat del Pozo (directora del colegio Montserrrat de Vallvidrera), César Bona (finalista en 2014 del Global Teacher Prize) o Alfredo Sánchez (Profesor de matemáticas y tecnología en Escuela Libre Micael), “figuras que han sabido darle a la tecnología un papel fundamental pero no protagonista, ya que lo primero serán siempre los alumnos y sus familias”.

Hoy en día, el papel de maestro ha evolucionado a facilitador y apoyo al estudiante a medida que éste colabora y usa aplicaciones que se adaptan a su estilo de aprendizaje. Esto permite que el profesor sea más proactivo en cuanto a proporcionar ayuda individual cuando sea necesario, sin tener que preocuparse de obstaculizar a otros estudiantes que puedan estar más adelantados en su proceso de aprendizaje.

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Cómo se enseñará en el futuro

Aventurar cómo puede ser la enseñanza en el futuro puede ser demasiado atrevido, pero parece más o menos evidente que algunas tecnologías llegarán a las aulas para transformar radicalmente la manera en que se muestran los conceptos o la historia. Progresivamente, la tendencia apunta a que las materias dejarán de ser estancas y sin relación entre sus procesos. Algo que ya se está empezando a poner en práctica entrelazando la enseñanza de las ciencias con un ángulo educativo eminentemente creativo.

“Nuestra propuesta didáctica parte de la filosofía STEAM, que se basa en la exploración de los conocimientos científicos, matemáticos y tecnológicos desde una perspectiva artística“, explica el responsable del proyecto educativo de BQ. “Niños y niñas desarrollan un conocimiento transversal, trabajando los contenidos de forma interdisciplinar para garantizar un aprendizaje contextualizado y significativo. Y lo hacen siempre de forma práctica, porque lo que se lee se recuerda pero lo que se hace se aprende“.

Es decir, que la tecnología debe ser la herramienta transversal que tenga cabida en el proceso de aprendizaje de cualquier materia. “Esa es, para nosotros, la clave para utilizar la tecnología en los centros docentes”, para que no pase como ahora, que niños y niñas son usuarios de tecnología “pero se están perdiendo su verdadero potencial, que es su capacidad de convertirles en creadores”.

No es la tecnología, es lo que haces con ella

Es cierto que uno de los mayores problemas con los nuevos métodos pedagógicos es que, generalmente, los padres pueden mostrarse reticentes a la hora de que sean sus hijos los primeros en probarlos. Pero para Alberto Valero, incorporar nuevas tecnologías y metodologías en las aulas “permitirá a nuestro país desarrollar un tejido científico, empresarial e industrial que vuelva a posicionarnos como país fabricante e innovador y no sólo consumidor”.

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Como decimos, es difícil decir a ciencia cierta qué ocurrirá en el futuro. Pero podemos aventurar que en un futuro a 20 años vista, en las aulas se trabajarán las competencias y habilidades de los alumnos como foco central de su educación.

Los niños del futuro quizá ya no acudan a un colegio en el que una persona mayor les explica. “Se convertirán en lugares de encuentro, debate y creación”, lo que permitirá aprender haciendo. “No recibirán simplemente información que luego memorizan para realizar un examen”.

De nuevo, el profesor será clave al cambiar su rol de “guardián” a guía que orientará al niño en el proceso de aprendizaje. Por eso “es prioritario formar a estos profesores y desde BQ ya estamos trabajando en ello. Hoy por hoy, en colaboración con diversas universidades públicas y privadas y a través de las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas hemos formado a más de 2.000 profesores en todo el territorio nacional”.

Por eso, en el futuro todas estas herramientas tecnológicas no solo permitirán que los estudiantes tengan los conocimientos tecnológicos útiles para todos los ámbitos, sino que serán el punto de apoyo para un cambio más profundo. “El aprendizaje y dominio de la tecnología desde pequeños fomenta su creatividad, inteligencia emocional, pensamiento crítico y capacidad de resolución de problemas y de trabajo en equipo, cualidades y competencias necesarias en el ámbito laboral y en la vida en general”.

Algunos cambios ya están aquí

Pero no hay que irse muy lejos para notar algunos de estos cambios que están transformando el sistema educativo.

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Cada vez es más frecuente ver en los colegios el empleo de la robóticapara impartir materias. De hecho, ha entrado a formar parte de las asignaturas obligatorias en Tecnología, Programación y Robótica en la Comunidad de Madrid o Tecnología Creativa en Castilla-La Mancha.

Pero no solo eso, el enseñar con estas tecnologías no deja fuera, en ningún caso, que los alumnos interioricen algunos valores tales como el trabajo en equipo (repartiéndose roles de trabajo para llegar a un objetivo común y concreto), el debate, la escucha, la empatía y la resiliencia. Además, esto también hace que los alumnos tengan que ser capaces de gestionar el tiempo disponible que tienen para cada tarea y que, incluso, piensen computacionalmente.

Es decir,la tecnología ocupará un lugar fundamental pero “debemos preguntarnos qué tecnología queremos y para qué, y desde ese debate ayudar a niños y niñas a que sean los artesanos que construyan el futuro que esperamos y necesitamos”, explica el responsable de BQ.

Independientemente de la tecnología que haya en las aulas, lo importante es que los alumnos “ya tienen el equipamiento básico: son la cabeza que les sirve para pensar y las manos para construir. Con estos dos elementos, la historia de la humanidad ha podido hacer grandes cosas”.

Fotos | Pixabay, Demaerre